Jueves, 21 Junio 2007

Por si todavía alguien dudaba de la importancia de que las páginas web estuvieran bien construidas, fueran seguras y accesibles, basta con que vea la polémica que se ha levantado con la nueva página web del Congreso de los Diputados, que ya ha sido debidamente parodiada .

Nueva web del Congreso de los Diputados
La web original

Congrezo: parodia de la web del Congreso
Y su parodia

Las críticas son múltiples; hablan de fallos de seguridad, de diseño, del dinero que ha costado… Algunos de esos temas son opinables o difíciles de demostrar, pero ciertos hechos son evidentes, como que la página no se visualizaba correctamente con todos los navegadores y sistemas operativos, o que el código de la página principal no es válido según estándares (a día de hoy los validadores muestran hasta 24 errores de HTML y 8 de CSS en la página inicial).

El caso es especialmente sangrante, no únicamente por el descuido que transmite como web de una institución pública, sino porque existe legislación que obliga a que los sitios de las Administraciones Públicas sean accesibles a personas mayores y con discapacidades. Y el primer requisito para conseguir esa accesibilidad es que se cumplan los estándares; ¿cómo van a ser accesibles unas páginas que ni siquiera las personas sin problemas pueden utilizar correctamente desde todas las plataformas?

La lección está clara: el desarrollo de una web hace tiempo que no puede limitarse a contratar a una empresa que diseñe una determinada estética, sin tener en cuenta que el código y contenido de las páginas sea correcto y accesible por el máximo número de usuarios. Imaginemos lo que le hubiera costado en prestigio, y por tanto, en dinero, una polémica como esta a una empresa privada…

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